La balada inédita

Un poema del gran poeta Julio Floes.

Sentado en una piedra del camino
Y como presa de pesar profundo,
Una tarde cantaba un peregrino
Una canción… que me quedo doliendo.

Una canción que el alma me penetra como un escalofrío,
Una balada de rebosante hiel,
Triste es su letra… ¡pero mucho más triste es su tonada

“El sol iba a morir, un rojo lampo de luz,como un largo hilo de seda,
Se enredaba en los árboles del campo y sangraba en la frente de Aeda.”

Llégueme al trovador desconocido,
Y emocionado pregúntele: ¿en donde aprendiste ese canto tan sentido
Que a mi clamor parece que responde¿
Y el contestome con acento blando, ¡con un acento musical¡

“Os digo que lo aprendí no sé dónde ni cuándo…
¡Porque a verdad nació conmigo¡ ¡ese canto es mi ruta, es mi alegría¡
¡Refresca mi fatiga y mi quebranto¡ cuando a hablar comencé… ya lo sabia,
Y desde entonces sin cesar lo canto…
De mi orquesta interior el es mi eco que hago soñar en la tardía calma
Y que al salir por el oscuro eco de mi boca glacial…¡me alivia el alma¡
Con el recorro el mundo paso a paso,y siempre en los parajes campesinos,
Me gusta, ¡cuando el sol baja a su ocaso, cantarlo en la quietud de los caminos¡”

¿Quien eres¿ pregunte y el dijo:

“El viejo camarada mejor del desengaño, nunca a los hombres de acercarme dejó
Y… aunque ellos no me ven… ¡los acompaño¡
Yo soy el acicate, soy el grito que se escapa de los labios moribundos
El ¡ay¡ que repercute en el lo infinito…
El verdadero emperador del mundo,
Yo elevó los espíritus, yo arranco del humano fangal los corazones.
¡Y purificó en el incienso blanco, que arde en mi pecho, todas las pasiones¡”

“Gloria soy de los mártires; sus nombres viven en mi;
Yo pongo los cilicios, yo atormento la carne de los hombres
¡Soy el padre de todos los suplicios.yo doy alas al genio,
Fuerza al justo, esperanza a todos los anhelos¡
Por mi, solo por mi, subió el Augusto Redentor desde el Golgota a los Cielos.”

El rapsoda callo.
Yo lo miraba entre una nube de melancolía .
Su corazón como bullente lava a través de su pecho se encendía ,
Su frente era muy blanca, su mejilla honda , muy honda…
Sus cabellos canos; de ébano y oro excelsa maravilla
Columpiaba una citará en sus manos.
Como dos claros pozos de tranquilas aguas en cuero de marmorea roca,
Se remansa el llanto en sus pupilas sobre el rictus amargo de su baca

Aquel hombre… ¿quien eres¿. ¿Acaso un loco¿ ¿te llamas¿
Pregunté… y el peregrino: “Soy el dolor” me dijo, y poco a poco
Se alejó en las revueltas dl camino …
Marchó de cara al moribundo día hacia el lejano resplandor postrero,
Y a manera de sol que se moría, su planta iba sangrando en el sendero
abrió la noche su portal; los astros compensaros a hervir
Y un gran Lucero lloro su Luz sobre los tibios rastros
Del muerto sol y de senil viajero
Pronto la luna apareció, serena, sobre un picacho de la curva Andina
Y una lechuza desgranó su pena desde el roto esqueleto de una encina.

Allí quedome estático y suspenso sin saber de mi nada;
Al otro día pensé en el peregrino…
¡Y en el pienso a través de los años todavía¡.

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